
Dr. Oscar Arias Sánchez, Presidente de la República de Costa Rica
Durante la recién celebrada Quinta Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, el presidente Arias dió un discurso que ha sido motivo de abundantes alabanzas y profusos elogios en todo el Continente. En este hizo referencia a la “implacable” verdad de que los designios de la ya “desangrada” América Latina, no son más que el simple resultado de nuestra incapacidad. Después de enumerar las causas endógenas de nuestra deplorable situación, el presidente Arias dijo: “Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos”.
Quisiera sumarme a las felicitaciones al Presidente por ese mensaje tan franco, pero no puedo. Es cierto que algo esta mal en esta parte del mundo. Desde hace ya décadas China crece a pasos agigantados y América Latina se rezaga. Otros países también se han subido al tan esquivo, al menos para América Latina, “tren del desarrollo”.
A pesar de que estoy de acuerdo con mucho de lo expresado por el Presidente, me gustaría aportar algo: Yo creo que no todos los latinoamericanos hicimos algo mal. Es más, me atrevería a decir que muchísimos latinoamericanos no hemos hecho absolutamente nada malo. Nuestra desgracia ha sido tener que cargar la cruz de haber nacido en esta ultrajada América Latina. Dios tuvo piedad de mi, Señor Presidente. Nací en Costa Rica. Tierra (hasta hace poco) de paz, libertad y democracia. Un “experimento social” sin precedentes en la historia. País sin ejército como usted bien sabe. Otros latinoamericanos, como nuestros hermanos nicaragüenses, no han tenido mi suerte. Ellos han tenido que luchar contra la estupidez sin límites de sus “líderes”, contra guerras exportadas por las potencias, contra la ignorancia y el azote sin tregua de la naturaleza.
Yo no creo que sea justo “meternos a todos en el saco”. Muchos hermanos nicaragüenses no han cometido ningún error. Su única desgracia fue nacer en esas tierras de nadie, controladas por unos pocos demagogos.
A pesar de haber nacido en Costa Rica, yo también he tenido que lidiar con la “herencia” que nos dejan los gobiernos de turno. Cargo la cruz, Señor Presidente y a mi lado hay más costarricenses que cargan la suya propia. La cargo porque quiero, pero para muchos otros que no tienen el lujo de portar un pasaporte o tienen pasaporte pero no tiene dinero, no hay otra opción. Mi generación nació endeudada, en un país donde todo se importa y no se promueve la cultura empresarial. Algunos en mi generación decidieron no cargar su cruz. Hoy son “gringos” o canadienses. Otros se fueron a Europa. Tenían sed de desarrollo, de oportunidades, de trasporte público decente, de calles sin huecos, de salir a trabajar sin temor de perder la vida en manos de un antisocial, de educación, de empleo digno, de instituciones fiables. Quizá a usted este panorama que describo le parezca exagerado o como dicen por ahí: una cuestión de percepción. No lo sé.
Lo que sí sé es que yo no creo tener la culpa de lo que pasa en la Costa Rica de hoy. Por lo menos mi cuota de culpabilidad debería de ser reevaluada. A mi me “tiraron el muerto” como dicen vulgarmente. Como usted bien sabe, muchos políticos de este país pasan por las instituciones públicas dejando una estela de podredumbre sin parangón. Solamente en el suyo (para no hilar muy fino) le refresco la memoria: millones de dólares para los pobres de Rincón Grande de Pavas terminan en bolsillos de “consultores”, una de estas “consultoras” tiene el descaro de pretender la silla presidencial. Se nombran embajadores que no hablan inglés y no han ido a la universidad. Se hacen nombramientos en el exterior para que funcionarios públicos puedan tener una mejor pensión. Se hacen festines ejecutivos por montos de los miles de dólares, en instituciones cuyo fin primordial es apaliar la pobreza. Se declara “la paz con la naturaleza” y hasta su propio asesor en la materia le dice públicamente que va por mal camino. ¿Será paz con la naturaleza que nos dejen sin bosque, contaminados con cianuro y sin el valioso oro que se cotiza a más de US$900 la onza en el mercado internacional? ¿Será que yo me beneficiaré de ese oro que su gobierno le está regalando a los extranjeros? A mi esto me parece guerra declarada y descarada contra nuestra tierra y peor aún, contra nuestra pobre y desgraciada gente.
Señor Presidente, usted sugiere en su discurso que tenemos que hacer como los chinos. Dejar de prestar importancia al color del gato y darnos a la tarea de cazar ratones. Su receta: Pragmatismo. Y yo le agrego: Across the Board, para usar sus expresiones recientes.
Ahora sí entiendo el porqué de muchas decisiones de su Gobierno. Todo se resume en “pragmatismo”. ¿Será la Constituyente que impulsa su hermano también pragmatismo? Le recuerdo que Zelaya, Ortega, Chávez y el resto de su clan, han sido muy pragmáticos. Ya ni siquiera se preocupan por llamar a elecciones. Prefieren promover “Constituyentes” para perpetuarse en el poder. ¿Qué más pragmatismo que proclamarse el único sabedor y non plus ultra del conocimiento? Y si la mitad del país no quiere caminar con usted, entonces que se jodan… cierto? Con que la otra mitad lo apoye en las encuestas todo bien…
Muy pragmática también su decisión de adherirse a Petrocaribe. Todavía recuerdo sus rabietas y lloriqueos insolentes contra Chávez hace escasos meses. Faltó que el barril de petroleo subiera a los US$ 150 en el mercado internacional, para que usted corriera a lamerle las botas a su enemigo. Pragmatismo… definitivamente usted es el mago del pragmatismo, Señor Presidente. Si quiero decirle que tarde o temprano, Costa Rica va a tener que pagar sus platos rotos. “No hay almuerzo gratis”.
Los chinos son muy pragmáticos. Tanto que aunque viven un “capitalismo” y “desarrollo” sin igual en la historia, el record de ese país en derechos humanos es una vergüenza para la humanidad. Señor Presidente, usted sabe perfectamente que en China no existe la libertad de expresión. El Partido Comunista Chino se encarga hasta de censurar en Internet las opiniones que están en contra de ese régimen tan “pragmático”. Usted también demuestra su pragmatismo y su gobierno le da su voto a China en la ONU para que continúe viendo temas de derechos humanos, siendo ese régimen uno de los enemigos número uno de la sociedad civil en el planeta.
Estoy seguro de que a usted, Sr. Presidente, le encantaría tener ese poder que tiene el Partido Comunista Chino. No tener que lidiar con la oposición, no tener que lidiar con otros partidos minoritarios, no tener que lidiar con la sociedad civil, no tener que lidiar con grupos de presión. Es probable que si así fuera, usted estaría menos cansado. En China, el Partido Comunista es tan pragmático que simplemente eliminó a sus contendores. Mientras tanto acá en Costa Rica usted los imita y sus mensajes han sido: ¡Cierren las puertas que viene al Dalai Lama! !Al carajo con el Tibet! Tiene toda la razón Señor Presidente, no importa el color del gato, no importa si este es de izquierda o derecha, totalitarista o democrático. Lo único que importa es llenarse los bolsillos…
Le recuerdo que este país no es China, Señor Presidente. Estamos muy lejos de que Costa Rica sea lo que yo quiero que sea y probablemente también muy lejos de ser lo que usted anhela. Pero si de algo estoy muy seguro es de que las grandes naciones no se han forjado haciendo “copy paste” de modelos importados. Las grandes naciones, han sido el resultado de sueños, de ideales, de experimentos sociales. La nuestra, modestamente había logrado lo que muchas otras no. El avance más o menos equitativo, sin amplias brechas entre ricos y pobres y siempre respetuosos del medio ambiente. Hoy nuestro “pacto social” corre grave peligro, Sr. Presidente. Eso quedó evidenciado para todos durante el controversial referendo del TLC.
Historicamente nuestro país ha sido de idealismos y no de pragmatismos. Seguimos con los “ismos” que usted quisiera enterrar, pero es que la discusión esta hoy más viva que nunca y después de todo Señor Presidente, usted puso el tema sobre la mesa. Abolir el ejército, seguridad social para todos, protección a los trabajadores, educación gratuita y obligatoria, tradición pacifista, neutralidad, respeto al derecho internacional y por sobretodo a los derechos humanos. Ese ha sido y sigue siendo el sueño de miles de costarricenses. Una nación con carácter y brillo propio a lo interno y a lo externo. Ésta, Sr. Presidente, es la Costa Rica que hemos construído en las últimas seis décadas. Ha sido posible, paradójicamente, gracias a que tenemos y tuvimos entre nosotros a los más grandes soñadores. Esos idealistas nunca se detuvieron a pensar si este proyecto era posible y tal vez esa sea la razón principal para que seamos lo que somos.
Tenemos algo en común Señor Presidente. Yo en ocasiones también me siento cansado. Cansado de luchar contra el estereotipo del latino vago, corrupto y bueno para nada que muchos gobernantes como usted se empeñan en difundir fuera de nuestras fronteras. Para terminar, quiero darle la razón en algo que a mi criterio fue lo que generó los múltiples aplausos a su discurso. Definitivamente Estados Unidos no es el culpable de todos nuestros males. Sin embargo, creo que tampoco tenemos culpa los millones de latinos trabajadores que sudamos para sembrar, construir y avanzar estas tierras que día con día son víctimas del incesto crónico de sus gobernantes.